24 ago

Algunas reflexiones en torno a la importancia de escoger bien los proyectos.

Por Ing. Bolívar Solórzano Granados, MSCE, MSM, PMP

Profesor del curso de Formulación y Evaluación Estratégica de Proyectos en el Programa de Maestría en Administración de Proyectos de la Universidad para la Cooperación Internacional.

Junio, 2015

 

Los proyectos son vehículos poderosos para lograr transformación y cambio, que nos permiten trasladarnos desde un estado actual hasta un estado futuro.  Sin embargo, el resultado exitoso al que nos lleven esos vehículos dependerá de que hayamos escogido el destino correcto.

En el mundo actual, en el que el uso de recursos escasos nos obliga a ser cada vez más conscientes y eficientes con el uso de tales recursos, no basta con gestionar bien los proyectos, sino que debemos partir, como factor clave y esencial de éxito para el emprendimiento de cualquier proyecto, de la escogencia de los proyectos correctos:  de poco nos servirá aplicar las mejores prácticas de gestión para desarrollar un proyecto cuyo producto no llegará a satisfacer la necesidad que motivó su desarrollo.

En este sentido, y a pesar de lo paradójico que pueda resultar el planteamiento, es posible que logremos éxito en el desarrollo de un buen proyecto mal manejado, pero es imposible que logremos éxito en el desarrollo de un mal proyecto bien manejado.  Sobra decir que la “tormenta perfecta” sería el desarrollo de un mal proyecto mal manejado.  A los que vivimos en el hermoso país de Costa Rica, cuando escuchamos hablar de “La Platina”, se nos forma una clara imagen mental de ese último caso.

Así, un buen proyecto debe partir de una propuesta en la que se logre identificar, con la mayor claridad, quiénes son los interesados principales y cuál será la condición problemática que se logrará aliviar o resolver con el desarrollo del proyecto que se propone.  Entre las diferentes problemáticas que perciben los interesados, deberá identificarse aquella cuya solución lleve al mayor nivel futuro de satisfacción para los interesados.  Igualmente, entre las diferentes rutas alternas de intervención que podrían llevar a la solución de la problemática principal, deberá escogerse la que resulte más efectiva.

En el campo de la informática, se utilizaba una expresión conocida como “GIGO”, que decía “garbage in – garbage out” (sería algo así como que si lo que entra es basura, entonces lo que salga será también basura).  Esto hacía referencia a que un programa informático, sin importar cuán bueno sea, si lo alimentamos con información de mala calidad nos generará igualmente resultados de mala calidad.  Esto es indiscutiblemente válido, partiendo de que el problema no se encuentre ubicado, como muchas veces ocurre, entre la silla y el equipo de hardware que corre el programa.

Por ello, cuando formulamos y evaluamos un proyecto para determinar si lo escogemos para ser desarrollado, debemos utilizar la mejor información que tengamos disponible como base para construir y ejecutar el modelo de análisis que nos ayudará a tomar la decisión.  Los modelos nos permiten hacer “acercamientos” a aquellos aspectos o elementos particulares de una realidad que sean más relevantes o significativos para entender esa realidad.

Así, por ejemplo, para modelar un proyecto de inversión no se trata simplemente de montar un “flujo de caja” en una hoja de trabajo y realizar algunos cálculos automáticos de indicadores usuales.  El modelo debe construirse como fiel reflejo de la realidad que se quiere simular, y cada realidad tendrá sus propias condiciones, lo cual implica que no podemos recurrir, en forma indiscriminada, a un “modelo genérico” para tal o cual tipo de situación.

Una vez construido el modelo particular para la situación que nos ocupa, debemos ocuparnos de generar los elementos de información que le darán vida y utilidad a ese modelo.  Igualmente, el nivel de detalle y precisión de la información que generemos como entradas para el modelo dependerá de la situación particular a la que nos enfrentemos.  En algunos casos, una estimación gruesa, basada en nuestro propio conocimiento y experiencia, podrá ser suficiente.  En otros casos, la generación de un solo insumo de información que tenga el nivel de confiabilidad suficiente para las necesidades del análisis que nos ocupa puede requerir del desarrollo de un costoso estudio que involucre a un conjunto multidisciplinario de expertos de gran trayectoria.

En cualquier caso, y dentro de la razonabilidad y proporcionalidad que correspondan al buen juicio, cuando hablamos de decisiones de inversión en el desarrollo de un proyecto cualquier costo relacionado con la toma de una buena decisión será insignificante si se compara con el costo de una mala decisión.

Seamos, entonces, conscientes de la importancia de que todos nuestros esfuerzos como directores de proyectos se enfoquen en el desarrollo de los proyectos correctos.  Esto, sin duda, contribuirá en forma determinante con el éxito de nuestros resultados.

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